Mucho se habla de eliminar el sesgo humano en los procesos de selección.
La realidad es que el sesgo no desaparece.
Cambia de lugar.
Cuando automatizamos, el sesgo no está en la intuición del recruiter.
Está en:
– cómo definimos el perfil
– qué variables priorizamos
– qué datos entrenan el sistema
– qué entendemos por “buen candidato”
La tecnología no decide qué es valioso.
Ejecuta lo que alguien definió como valioso.
Por eso el verdadero riesgo no es el sesgo humano,
sino no hacernos cargo de las decisiones que delegamos.
Automatizar sin criterio no elimina errores.
Solo los vuelve más difíciles de detectar.
El desafío no es usar menos tecnología.
Es usarla con más responsabilidad.
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